Las ardillas suelen asociarse con una alimentación basada en semillas, frutos, hierbas y nueces. Sin embargo, una investigación realizada en California ha revelado una faceta mucho menos conocida de estos animales: algunas ardillas terrestres han sido observadas persiguiendo, capturando y devorando pequeños roedores.
El comportamiento fue documentado en el Parque Regional Briones, situado en el condado de Contra Costa, durante el verano de 2024. Los investigadores estudiaban desde hacía más de una década a una población de ardillas terrestres de California cuando comenzaron a detectar escenas que nunca habían registrado anteriormente.
Una conducta inesperada
Durante varias semanas, el equipo observó cómo ardillas jóvenes y adultas, tanto machos como hembras, perseguían activamente a topillos de California, unos pequeños roedores similares a los ratones.
En total se registraron 74 interacciones entre ambas especies. Aproximadamente el 42 % de estos encuentros incluyó intentos de caza por parte de las ardillas. En algunos casos, consiguieron matar y consumir a los topillos, mientras que en otros compitieron entre ellas para quedarse con las presas.
Hasta ese momento, las ardillas terrestres de California eran consideradas animales principalmente herbívoros, aunque ya se sabía que podían consumir insectos, huevos, crías de aves o restos de pequeños animales de manera ocasional.
La novedad del estudio no consiste únicamente en que comieran carne, sino en que fueran capaces de buscar, perseguir y matar activamente a un mamífero vertebrado.
¿Por qué comenzaron a cazar?
Los científicos relacionan este comportamiento con un aumento extraordinario de la población de topillos registrado en la zona durante 2024. Al encontrarse con una fuente de alimento abundante y accesible, las ardillas podrían haber aprovechado una oportunidad que anteriormente era mucho menos frecuente.
Esto indicaría que su dieta es más flexible de lo que se pensaba. En lugar de ser estrictamente herbívoras, podrían comportarse como omnívoras oportunistas, adaptando su alimentación a los recursos disponibles en cada momento.
Por tanto, las ardillas no necesariamente se están “convirtiendo” en carnívoras como consecuencia de una transformación repentina. Es posible que esta capacidad ya existiera y que el incremento de topillos permitiera observarla de forma generalizada por primera vez.
Una muestra de adaptación
La flexibilidad alimentaria puede resultar fundamental para la supervivencia de una especie. Los animales capaces de incorporar nuevos recursos a su dieta tienen mayores posibilidades de afrontar cambios ambientales, escasez de alimentos o alteraciones provocadas por la actividad humana.
Los investigadores consideran que este descubrimiento puede ayudar a entender mejor cómo responden las ardillas a las variaciones de su entorno y qué papel desempeñan dentro del ecosistema.
También quedan varias preguntas pendientes. Los científicos quieren determinar si la conducta se aprende observando a otros individuos, si se transmite entre generaciones y si el consumo de carne puede influir en la reproducción o supervivencia de las ardillas.
No contradice la teoría de la evolución
Aunque el hallazgo resulta sorprendente, no representa un problema para las ideas de Charles Darwin. Al contrario, demuestra la capacidad de los animales para modificar su comportamiento y aprovechar nuevas oportunidades.
La evolución no establece que las especies deban mantener siempre una dieta rígida. La adaptación, la variación y la flexibilidad son precisamente algunos de los mecanismos que permiten a los seres vivos sobrevivir en ambientes cambiantes.
El descubrimiento revela que incluso animales muy conocidos pueden esconder comportamientos que todavía no han sido estudiados completamente. Detrás de la imagen aparentemente inofensiva de una ardilla comiendo una nuez puede existir también un depredador ocasional, capaz de aprovechar las oportunidades que le ofrece la naturaleza.

